El intento de extorsión de ETA a Lizarazu

La banda terrorista ETA envió una carta a los padres del defensor galo exigiendo que les abonase una parte de los emolumentos que había recibido por ganar la Eurocopa del 2000 con Francia
 
El caso Lizarazu
Falta un día para que comience la cita mundialista. El balón empezará a rodar el próximo 14 de junio con el encuentro que jugarán Rusia, el país organizador, y Arabia Saudita a las cinco de la tarde, en el estadio moscovita de Luzhniki. Este partido me va a servir de hilo conductor para relatar la extorsión que sufrió el jugador galo, Bixente Lizarazu, ganador del Mundial de 1998, celebrado en Francia y de la Eurocopa del año 2000, que se disputó en Bélgica y en los Países Bajos.
Fuente: ABC
Lizarazu nació en la localidad de San Juan de Luz, situada en el País Vasco francés. El defensa despuntó en el Girondins de Burdeos galo y en el año 1996 fue fichado por el Athletic de Bilbao. El lateral izquierdo sólo estuvo un año en el club vasco, ya que posteriormente se incorporó a las filas del todopoderoso Bayern de Múnich alemán. En el equipo bávaro jugó durante dos etapas. La primera fue entre los años 1997 y 2004. El último periodo en el que estuvo en el cuadro muniqués fue en la temporada 2005/2006, campaña en la que colgó las botas y se retiró de la práctica del fútbol profesional.
A finales del año 2000, los padres de Lizarazu recibieron una carta a nombre de ETA. La organización terrorista exigía al jugador el pago del impuesto revolucionario. El grupo armado solicitaba que el zaguero les abonase una parte del dinero que había percibido por haber ganado la Eurocopa con Francia ese mismo año. “Sentimos inquietud y cólera pues has defendido los colores de un Estado enemigo. Has sido pagado con creces para llevar la camiseta de un Estado opresor (Francia) con el dinero robado a los vascos y al pueblo vasco. Habida cuenta de los emolumentos recibidos del enemigo, ETA se dirige a ti. Una falta de respuesta entrañaría una respuesta contra ti y contra tus bienes”, anunciaba la carta remitida por ETA.
El impuesto revolucionario era un método de extorsión muy efectivo que utilizó ETA para autofinanciarse como organización. El modus operandi solía consistir en el envío de una carta amenazante, en el que exigía el pago de una determinada cantidad de dinero a cambio de que su integridad física o su patrimonio empresarial no corrieran peligro. Estas misivas poseían una muesca característica, ya que  las cartas remitidas tenían una especie de letras y de números peculiares en la parte superior. De esta forma, si el receptor llevaba la misiva a la policía y ésta era difundida a los medios de comunicación, los terroristas reconocerían el código y sabrían que ese individuo era un chivato.
Lizarazu denunció públicamente los hechos y en ese momento comenzó su pesadilla. “En el País Vasco, todas las mañanas inspeccionan mi coche, miran debajo, lo arrancan. En los aeropuertos, tomo entradas desconocidas, reservadas a los jefes de Estado. Estoy triste, decepcionado y asqueado. Tengo la impresión de ser manipulado. Estoy en una trampa”, aseveró el futbolista. La amenaza de la banda terrorista le impedía hacer vida normal.
Motivos del terrorismo de ETA en España 
Antes de comenzar a explicar de forma minuciosa los motivos específicos por los que la organización terrorista atentó en España, es necesario realizar una introducción entre la relación del terrorismo y la sociedad. Los asesinos producían una coerción psicológica y una intimidación sobre la población. Además de difundir a través de esas acciones su ideario político con el objetivo de justificar la actividad violenta, el terrorismo buscaba crear el pánico y paralizar el país como fin táctico y estratégico para lograr legitimar el ideario político de los violentos, y la sociedad quedase así subyugada a sus pretensiones ideológicas. La misma sociedad de la que trataron conseguir su apoyo, para completar sus propósitos desde la legalidad, animando a que creasen organizaciones legales que suscribieran sus planes de acción política y captasen nuevos militantes.
Fuente: ABC
Los grupos terroristas de carácter nacionalista querían tener el respaldo del pueblo en la lucha contra los extranjeros. El terrorismo, para imponer sus pretensiones políticas, necesitaba la comprensión y exculpación de la sociedad y el apoyo activo de grupos que actuaran en la legalidad, favorecidos por los sistemas de gobierno democrático que constituyesen el llamado brazo político. Había estratos sociales que convergían políticamente con los asesinos y tenían cierta comprensión en sus actividades.  La coincidencia de los objetivos políticos del PNV con los de ETA constituyó un impedimento al rechazo absoluto de su actividad terrorista. El ex Presidente del PNV, Xabier Arzalluz dijo en un canutazo realizado en 1976 para TVE: “Bueno asesinos, para nuestro pueblo son luchadores por la libertad”. Para añadir posteriormente: “En todas las instituciones democráticas existe el derecho a la resistencia. Si alguien ve en la acción violenta la única posibilidad de luchar, tiene el derecho a hacerlo, porque si la violencia es lo más adecuado, se puede discutir, pero no condenar”.
En España en los años finales del Franquismo y al comienzo de la Transición, existía una tendencia a considerar progresista, y por tanto más demócrata, la defensa de los nacionalismos periféricos y la autodeterminación de los pueblos de España ante un régimen policial represor que se oponía a estos derechos de los pueblos. La gente aceptó la acción de ETA. Para una gran parte de la población, la banda terrorista era una organización que merecía su apoyo porque estaba luchando por la liberación de los vascos y de la independencia de Euskadi.
ETA actuaba como una fuerza de resistencia vasca. Era una organización que se oponía al régimen dictatorial de Franco en Euskadi. Luchaban por la libertad del País Vasco. Los activistas de ETA eran parte de esa resistencia, y ningún medio de comunicación nacionalista hablaba de ellos como una organización criminal, ya que para los nacionalistas eran unos patriotas. La banda terrorista siempre se ha referido para definir sus acciones violentas como una parte de su lucha armada. Si el término terrorismo tiene una connotación negativa, la expresión lucha armada no es condenatoria ante los ataques violentos. De paso es una clara diferenciación, entre la violencia que aplicaban las Fuerzas de Orden Público, entendida como institucional, y la de ETA, que era una forma de liberar a los vascos contra el estado para lograr la independencia de Euskadi.
La sociedad no veía a los asesinados como a víctimas elegidas por ser objetivos vulnerables y en estado de indefensión, sino como un enfrentamiento contra personas armadas que habían ejercido una violencia anterior. Se veía a los terroristas como a unos jóvenes idealistas exaltados del Pueblo Vasco, que estaban en una lucha contra las fuerzas de un Estado que coartaba las libertades de los vascos. Eran advertidos como gente del pueblo que luchaba, sufría y moría por el pueblo.
Tras la muerte de Franco, las divergencias se centraron entre las ideologías españolistas y nacionalistas. Los radicales se apoyaron en la acción armada de ETA, porque rechazaban a los partidos considerados como españolistas, ya fueran partidarios de la izquierda o la derecha. En febrero de 1976, el PSOE trató de realizar su primer mitin en Euskadi después de 40 años. Miembros del partido socialista vasco, creado para combatir a la izquierda españolista, trataron de desestabilizar el acto. Para el nacionalismo vasco esta izquierda era el enemigo, porque a pesar de que apoyaba la autonomía, no luchaba por su independencia. En un comunicado, la banda terrorista expuso que el PSOE no “entendía la personalidad nacional vasca” y quería “arrinconar al nacionalismo vasco”. Estas opiniones estaban cargadas de victimismo, ya que los etarras pretendían crear en la sociedad una sensación de duda positiva hacia los métodos de ETA para conseguir que sus proyectos políticos nacionalistas e independentistas fueran respaldados por la población vasca.
Fuente: ABC
Es curioso que la propia organización terrorista expusiera en varios comunicados que su intención era “evitar derramamientos de sangre”. Entendían que eran una organización de gentes del pueblo que luchaban por el pueblo y sus libertades, de modo más comprometido que los demás, lo que les llevaba a efectuar atentados que para ellos eran inevitables. Aunque el grupo armado no sólo se interesaba por las libertades políticas del Pueblo Vasco, sino que también se preocupaba por solucionar los problemas sociales y laborales de los trabajadores. Los comunicados en contra de la central nuclear de Lemóniz presentaban a ETA como una parte importante en el conflicto social y medioambiental que tanto preocupaba a la sociedad vasca. ETA también se presentaba como la valedora del bienestar social del pueblo. Por eso arrojaron un artefacto explosivo sobre la sede del INP, porque la banda terrorista consideraba desastrosa la situación sanitaria del País Vasco.
Todo el que no colaboraba en la lucha violenta por la libertad de Euskadi era culpable porque no quería esa libertad y se convertía en un traidor y en un enemigo del pueblo vasco. Los etarras creían que esas personas servían al Estado opresor que impedía la libertad del pueblo.
Los policías y los guardias civiles fueron el colectivo más castigado por la violencia terrorista. Los objetivos solían ser miembros del cuerpo sin un alto rango ni cualificación, porque ETA consideraba “que estaban en estos Cuerpos por razones de trabajo, casi nunca por ideología”. Se les seleccionaba como víctimas porque eran vistos como “el símbolo y el elemento más visible del Estado represor“. En segundo lugar, la banda terrorista quería que las fuerzas policiales odiasen todo lo referente a la nacionalidad vasca, para que cumpliesen, como venganza, con “su papel de elemento represor en la estrategia acción-represión”. De modo que si la represión estatal era más dura sería más fácil que el pueblo les odiase porque eran el instrumento de la opresión más cercano y conocido. Para ETA, el Cuerpo de Policía y la Guardia Civil odiaban todo lo vasco. Eran una fuerza represora, extraña al pueblo vasco, y sus métodos eran franquistas y antidemocráticos. Tenían más armas, por lo que una acción militar directa no era viable y por esto la acción terrorista quedaba justificada.
ETA también asesinó a muchos civiles. Estos atentados los justificó al asegurar que las víctimas eran enemigos de Euskadi; unas veces, porque eran chivatos, colaboradores del enemigo, y otras porque eran traidores que en el pasado hicieron sufrir a los vascos. Cuando ETA atacaba infundía angustia entre la población. Esta ansiedad surgía de la dificultad de dar respuesta al por qué de la elección de las víctimas. Era necesario encontrar una razón para apaciguar la angustia que producía el no saber si cualquier ciudadano podía estar en el punto de mira de los terroristas. La primera respuesta que elaboraba la gente para acallar esa zozobra era un tétrico algo habrán hecho.
Creado por Eduardo Acin (@EduardoAcnGarcs) 
 

 

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