Dicen que el mundo gira alrededor del sol. Yo digo que, a veces, el mundo gira alrededor de una tele. Bendita tele. Aquella que nos permite apretarnos en el sofá de casa; aquella que nos hace olvidar durante un tiempo todo lo que pasa ahí fuera; aquella que nos hace abrazar a un desconocido en cualquier bar, al grito de “¡Gol!”. Bendito gol.

G, O, L. Tres letras que forman una palabra fascinante. Una de las pocas palabras que se pueden pronunciar como a uno le dé la gana. Algunas veces lo decimos tal cual, algo así como un “¡gol!” pronunciado de manera rápida, pero también sabemos estirar la “o” mucho, muchísimo. Levantamos los brazos, cerramos los puños y gritamos eso de “¡¡¡¡¡gooooooooooooool!!!!!”.

En mi caso, cuando he hecho esto (lo de gritar “gol” con todas las oes que mi voz me permitió), recuerdo que mi madre me miró muy mal, mi gato se fue de la habitación refunfuñando y los vecinos de al lado vinieron a quejarse. Pero yo en ese momento me sentía el hombre más feliz a kilómetros a la redonda.

Dicen que el mundo gira alrededor del sol. Pero a veces el mundo le da la espalda y decide pararse. Esto sucedió este pasado domingo, a las 16:15, hora española. El Barcelona y el Real Madrid se enfrentaban por primera vez esta temporada. Ansioso, el planeta entero se paró.

Es lo que lo que yo llamo un eclipse de gol.

Bendito gol.

En un clásico sin Messi ni Cristiano, pocos se imaginaban que hubiese tantos tantos (valga la redundancia). Y es que, hasta en cinco ocasiones movió el Barça el marcador, por tan solo una del Madrid. Para muchos fue una victoria local demasiado abultada. Es muy posible que tengan razón. Es inevitable que este 5-1 evoque el 5-0 que recibió el conjunto merengue en el Camp Nou en el año 2010, con Mourinho en el banquillo. Pero esos dos resultados no tienen absolutamente nada que ver. En el 5-0 vimos un Madrid luchador, que mordía en defensa, que se iba al suelo ante cualquier balón dividido, pero que se vio impotente frente a un equipo que por aquel entonces jugaba al “fútbol poético” como decía Michael Robinson.

Sin embargo, y volviendo al presente, el partido del domingo fue muy diferente. En la primera parte el Madrid no hizo acto de presencia. No soy aficionado del Real Madrid, pero el juego del club blanco en la primera parte es un insulto al respetable merengue. “Al fútbol se juega corriendo” resumió Radomir Antic en el programa radiofónico Tiempo de Juego. Eso fueron los 45 minutos iniciales. Un insulto. Un ultraje.

Fue el último partido de Julen Lopetegui (ya avisamos de su destitución en Mundo Nogomet: Julen Lopetegui, destituido como entrenador del Real Madrid). Estaba cantado que una derrota propiciaría su salida. El técnico, al contrario que con Benítez, siempre ha estado respaldado por los pesos pesados del vestuario (Ramos, Casemiro, Marcelo…). Pero defender al entrenador ante los micrófonos es muy sencillo, incluso hasta un servidor lo podría intentar. El lugar propicio para defender al entrenador era el terreno de juego. Ahí es donde se ve quien estaba de verdad a muerte con Lopetegui. Y pocos se salvan de la quema. Muy pocos. Pero de momento la única cabeza en rodar ha sido la de Julen.

Visto como estaba (y todavía está) la coyuntura en Chamartín, no había escenario más propicio que el Camp Nou para marcar un punto de inflexión. Era el choque ideal para dar un puñetazo en la mesa y decir eso de “no nos den por muertos, que somos el Madrid, y el Madrid es un club eterno”. Pero ayer lo único que eterno para el aficionado merengue fue la primera parte.

Hasta en dos ocasiones perforó el Barcelona la portería de Courtois. La primera fue la típica jugada del Barça de Valverde. La clásica también tenía que dar frutos en el Clásico: Jordi Alba por la banda izquierda llegaba casi hasta la línea de fondo, ponía la pelota atrás y, a falta de Messi, remataba Coutinho para adelantar al equipo local en el minuto 11.

Recordemos que también era el primer clásico de la historia con el uso del videoarbitraje. Y éste no tardaría mucho en aparecer. En el minuto 30, el Barça reclamó un penalti de Varane a Luis Suárez que el colegiado José María Sánchez Martínez no pitó en un principio. Pero desde la cabina del VAR le avisaron de que revisase la jugada. Tras revisarla el propio árbitro principal, decidió señalar la pena máxima a favor del conjunto culé. El uruguayo fue directo a por el balón y no falló desde los once metros, a pesar de que Courtois estuvo a punto de atajarlo. Siento repetirme pero…… bendito VAR.

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Dedicatoria de Luis Suárez a su hijo recién nacido, Lautaro (abreviado como Lauti). FUENTE: Marca

Tampoco creó el Barcelona muchas ocasiones. Dio la sensación que en dos zarpazos logró dos goles. Y así se fueron a los vestuarios.

Empezó la segunda parte con la entrada de Lucas Vázquez por Varane, lo que implicó un cambio de sistema, pasando del 4-3-3 al 3-5-2. Recuperó así la posesión del balón, y en el minuto 50 Marcelo tiró de orgullo y puso el 2-1 en el electrónico. Pánico para los culés, alegría para los merengues y esperanza de ver un buen partido para los neutrales.

Todo hacía pensar que el vendaval ofensivo del Madrid seguiría, y en el estadio ya se empezaban a repartir los Dodotis. Y, cuando en el minuto 56, Luka Modric estrelló un balón en el poste, los cimientos del Camp Nou temblaron, pero el público se congeló. Ahí estuvo el empate. ¡Cómo hubiese cambiado el partido si Luka marcase el 2-2!

Lopetegui ya había reaccionado. Era el turno de Valverde. En el minuto 69 dio entrada a Nélson Semedo por Rafinha, adelantando a Sergi Roberto a la medular. Poco después, en el minuto 74, quitaba a Coutinho por Dembelé. Un cambio que podía parecer extraño, ya que Coutinho tiene más control y más gol que “el Mosquito”.

Pero el Txingurri acertó. Porque, en ese momento del partido, en el campo reinaba la anarquía. Y al correcalles Dembelé es el mejor. Tardó solo un minuto en ser protagonista al conducir un contraataque, dejársela a Sergi Roberto que centró y el cabezazo de Luis Suárez se fue hasta el fondo de la red. Con el 3-1 el Madrid capituló.

Porque aunque el conjunto madridista siguió intentándolo, ya no tenían ni piernas ni cabeza. Solo corazón. Y solo con corazón no puedes remontarle un partido al Barça. Dio entrada a Marco Asensio y a Mariano por Bale y Marcelo respectivamente.

Y en el minuto 83, Luis Suárez ponía el 4-1 a pase de Sergi Roberto, consiguiendo así un hat-trick. Justo después entró Arturo Vidal por Arthur y, tras un roto de Dembelé a Nacho, el mediocentro chileno cabeceaba el centro del francés estableciendo el 5-1 definitivo. Se estrenaba así con la elástica azulgrana. Y qué mejor partido que un clásico.

“Este resultado es un reflejo de toda nuestra temporada, que ha sido un desastre”, dijo Casemiro después del partido. “No se trata de tácticas o actitud, es todo. Los jugadores tienen que correr más y pelear más. No estamos jugando bien y no podemos culpar al entrenador, ya que los jugadores son los que tienen que actuar en el campo”.

Como ya hemos dicho, de momento ha rodado la cabeza de Lopetegui. Pero quizás (y solo quizás) sea hora de mirar un poco más arriba, hacia el palco. Hacia el mismísimo Florentino. Sé que esto de escribir artículos consiste en ser objetivos, pero objetivamente la planificación del Madrid de esta temporada es desastrosa:

    • Un empeño absurdo en fichar un portero top (¿de verdad hay personas que consideran que Keylor Navas no es un portero top?). No voy a subestimar a Courtois (es un porterazo con todas las letras), pero según mi opinión (de aficionado) considero que esos 35 millones se podían invertir en otra cosa.
    • Una frágil línea defensiva (Marcelo es el antónimo de “defender”, Varane es más frágil que el cristal, Vallejo no tiene nivel de titular y Sergio Ramos cada vez comete más errores – suyo fue el error que implicó el 4-1 del Barça)
    • Una delantera que ha fracasado estrepitosamente en el intento de olvidar a Cristiano (Bale no ha dado la talla como jugador franquicia, Benzema no marca ni a puerta vacía y Marco Asensio es demasiado irregular).

Ni mucho menos me olvido de que este Madrid viene de ganar tres Champions seguidas. Hasta el culé más acérrimo debe considerar a este equipo como un equipo de leyenda. Pero he aquí el problema. Cuanto más logras más te tienes que exigir. Porque todos le vamos a exigir más. Y eso a veces implica fichar, y lo que es más importante, fichar bien. Y aquí Florentino ha fracasado estrepitosamente. Pero ha preferido culpar y echar al entrenador. Y a veces la solución fácil no siempre es la correcta.

Creado por Mario Pedrol