Los amantes de la aventura y las emociones fuertes están de enhorabuena. En los últimos años, los deportes de riesgo se han hecho accesibles para más que profesionales. Se trata de actividades que se desempeñan en condiciones extremas, presentando así un riesgo vital.

Parte del encanto de los deportes de riesgo es el componente de la incertidumbre. Muchos de ellos no pueden ser controlados por una preparación física o técnica concreta, sino que dependen del azar. Precisamente la búsqueda de una inyección de adrenalina es lo que los hace tan atractivos para muchas personas.

Entre el deporte y la locura

Los deportes de riesgo son sinónimo de pasión y experimentación. Son prácticas deportivas extremas que a veces tienen como ingredientes frecuentes la velocidad y la altitud, sin ser los únicos.

Pueden practicarse por tierra, hielo o nieve, mar y aire. Desde los más clásicos, han ido surgiendo muchos otros que rompen con las clasificaciones previas. Son tan originales y novedosos que algunos podrían tildarlos de auténticas locuras. Sin embargo, cuentan con sus entusiastas.

Los grandes clásicos

No son pocos los que incluyen en su lista de “cosas que hacer antes de morir” practicar algún deporte extremo. Y, entre ellos, los más clásicos. Hablamos, por ejemplo, del puenting. Como su nombre indica, se trata de saltar desde un puente al vacío, solo sujetos mediante un arnés y una cuerda resistente. Una experiencia vertiginosa no apta para cobardes.

El paracaidismo es uno de los deportes de riesgo más popularizados en nuestros días. Incluso se sopesa su inclusión como disciplina olímpica. Tirarse en paracaídas por primera vez puede dar respeto a priori, pero son muchos los que repiten la experiencia. La caída libre durante un largo minuto es, sin duda, una de las emociones más fuertes que puede vivirse.

Correr por una colina y saltar al vacío al llegar el extremo es todo lo que se necesita para tener la impresión de estar volando. Es el parapente, un deporte que nos permite disfrutar de unas vistas sin igual en un paseo por el cielo. Para los más cañeros, también es posible añadir acrobacias.

Para todos los gustos

Los amantes de la montaña también cuentan con un gran abanico de opciones. Barranquismo, alpinismo, escalada… Enfrentarse a superficies escarpadas en condiciones ambientales extremas es toda una prueba de fuego para la resistencia física y mental.

El mar y los ríos presentan grandes peligros. Que se lo digan a los que practican el kayak extremo o el rafting. Escapar a las aguas turbulentas mientras estas embisten la embarcación en la que viajamos puede ser bastante peligroso.

Y para quienes quieren situarse, literalmente, sobre las olas, el surf, el kitesurf y el windsurf. En estos deportes, el equilibrio y el conocimiento de la dirección y la fuerza del viento pueden ser cruciales para salvar la vida en un momento dado.

Las opciones más arriesgadas

Surcar el cielo volando como un pájaro es completamente posible. Se trata del wingsuit flying. Como su nombre indica, consiste en llevar un traje especial con alas con el que se realizan grandes recorridos planeando a gran velocidad. Posiblemente se trate del deporte más arriesgado del mundo, que le ha costado la vida a deportistas como Álvaro Bultó.

El buceo en grandes profundidades es una actividad peligrosa de por sí. Añadámosle la compañía de tiburones. Siempre debe realizarse bajo la tutela de un experto. En jaula o mar abierto, una experiencia sin duda inolvidable.

Por último, el sandboard. Es una variante del snowboard que se realiza sobre dunas o cerros de arena. El deslizamiento en ocasiones es incontrolable y las caídas, muy dolorosas. Practicado bajo el calor extremo, toda una bomba de relojería para los nervios.

No cabe duda que los deportes de riesgo no son para todo el mundo. Absténganse los amantes de la vida tranquila y aquellos que desdeñan los peligros innecesarios. Para todos los demás, el abanico de posibilidades es muy amplio. Ahora solo queda dar el primer paso.