Tragedias que forjaron leyendas

Asociamos NBA con la palabra “baloncesto”, pero cada día es más común asociar NBA con “espectáculo”: un público entregado, diversión, bebida, confeti, música, luces… Sí, luces.
 
Pero donde hay luces tiene que haber sombras. Y la mayoría de deportistas han tenido una vida que se debatía entre la luz y la oscuridad. Unas tinieblas que se dedican a atrapar a jugadores (y a personas normales y corrientes) para destrozar sus carreras e incluso sus vidas. Pero a veces, algún intrépido consigue salir del fondo del Tártaro y regresar a las canchas siendo más temible y más fuerte.
 
Hoy vamos a conocer algunos jugadores que terminaron envueltos en la niebla y en el olvido, y otros que lograron escapar de ella para volver a la luz.
 
Allen Iverson contra el racismo:
Allen Iverson humillando a Tyron Lue en partido 1 de las Finales del 2001
Fuente: Giphy
Empezamos fuerte. Muy fuerte. Este chico de apenas 1,83 metros y 75 kg revolucionó este deporte en todos los aspectos. Pantalones anchos y largos hasta las rodillas, coderas y calentadores en la pista; gorras, gafas de sol, sudaderas y cadenas de oro fuera de la cancha (o incluso en las gradas). Y descaro, chulería, lujo, tatuajes y sus características trenzas las 24 horas del día. Iverson unió definitivamente la NBA y el baloncesto callejero. Mientras su fama crecía, los jugadores de la NBA cada vez llevaban más tatuajes y más coderas. Incluso el comisionado tuvo que aprobar un código de vestimenta a lo que Iverson respondió: “Esta era la manera en que los chicos de donde soy se visten. No me lo inventé, los chicos con los que crecí, así es como se vestían”. De hecho, y aunque no ganó ningún anillo, el conocido como The Answer consiguió que las oficinas de la NBA, llenas de empleados blancos, tuvieran que tragarse la cultura del hip hop que él mismo trajo consigo, lo que alentó a muchos jóvenes negros de origen humilde a demostrar su talento jugando al baloncesto.
Kristaps Porzingis, actual estrella de los Knicks,  a la edad de 10 años, con trenzas y emulando a Allen Iverson.
Fuente: Sports Illustrated
Hubo una cosa en la que pocos jugadores de su época podían emularle: una dura infancia y una adolescencia que casi le hizo abandonar el baloncesto.
Nació en un ghetto de Hampton (Virginia). Su madre, Ann  Iverson, tenía 15 años cuando le dio a luz. Su padre cumplía cadena perpetua y su padrastro era traficante. De niño fue testigo de peleas, tiroteos y asesinatos en su barrio. Como su madre era adicta a las drogas (Iverson fue captado comprando drogas para su madre), el chico tuvo que ocuparse de su hermana pequeña. No tenían luz, ni agua.
 
El deporte fue su medicina. Jugó al futbol americano y al baloncesto.
Pero el 14 de febrero de 1993 ocurrió un suceso que a punto estuvo de costarle muy caro. Se vio envuelto en una pelea dentro de una bolera entre su banda (de chicos afroamericanos) y una banda de jóvenes blancos. Iverson fue acusado de golpear a una chica blanca con una silla. El juez, asociado a la extrema derecha, no pudo conseguir las imágenes de la supuesta agresión. De hecho, dichas imágenes mostraban a Iverson alejarse de la pelea para no tener ningún problema (él ya era conocido a nivel nacional). Así que necesitaron a los testigos (curiosamente solo pudieron testificar personas blancas). Fue juzgado como mayor de edad (todavía no lo era) y le condenaron a 5 años de prisión y 10 de suspensión.
 
Entonces la gente se echó a la calle. Iverson ya era famoso en todo el país por su baloncesto, y había muchas ganas de verlo en la NCAA y en la NBA. Tras las protestas y los recursos, lo encerraron en un correccional de menores durante 4 meses, hasta que el mismísimo gobernador de Virginia, Douglas Wilder, le concedió un indulto tras la falta de pruebas.
 

 

Mientras su madre le pidió al entrenador de la Universidad de Georgetown que le becaran y consiguiese hacerle madurar. Le amenazaron con expulsarle de la universidad si no cumplía el código de conducta. Iverson respondió muy bien, y dos años después se presentó al draft de la NBA porque su familia necesitaba dinero (su hermana había caído enferma y si no, no tenían forma de curarla).
Allen Iverson haciendo un crossover y anotando ante la defensa de Michael Jordan
Fuente: Slam Magazine
Y aunque durante toda su carrera Iverson estuvo envuelto en innumerables polémicas (faltar a los entrenamientos sistemáticamente: «we talkin’ bout practice«, presentarse borracho a los pocos entrenos a los que fue, acusado de intento de homicidio, de proferir insultos contra homosexuales, tuvo un divorcio ruinoso, fue detenido por la policía muchas veces por posesión ilegal de armas o por posesión de marihuana…). Una personalidad complicada, una cabeza desordenada y el mejor jugador libra por libra. Ese es Allen Iverson. Admirado por muchos, uno de los MVP que se quedó sin anillo. Un jugador muy especial.
Y el primero de nuestra lista.
 
Tim Duncan, el silencioso pez que nadaba elegante en la pista:
Nacido en Islas Vírgenes, Duncan era un grandísimo estudiante y un excelente nadador. De hecho él quería participar en natación en las olimpiadas. Ese era su sueño. ¿El baloncesto? No había tocado nunca un balón.
 
Pero en 1989, el huracán Hugo destrozó la única piscina  olímpica de Islas Vírgenes, dejando solo el océano como única alternativa, aunque tuviera un pánico tremendo a los tiburones. Pero el día antes de que Tim cumpliera catorce años, su madre murió de cáncer. Era el 24 de abril de 1990. Y Duncan no volvió a ser el mismo. Perdió el espíritu competitivo que tanto le había servido en los estudios y en la piscina.
Y su cuñado le propuso una terapia que se reveló muy eficaz: el baloncesto.
 

 

¿Qué más podemos decir de alguien que se convirtió en el mejor ala-pívot de la historia? 
4 anillos, 3 MVP de las finales. Además ostenta un curioso récord: es el único jugador capaz de trabar la lengua de Draymond Green. Pura elegancia bajo los tableros, era la antítesis de otro contemporáneo suyo, Kevin Garnett.
La garra de Kevin Garnett (izq) contra la serenidad de Tim Duncan (drcha)
Fuente: Youtube
Ray Allen, el desconocido niño errante:
“Querido Ray de 13 años, cuando te bajes del autobús escolar mañana, estarás en un mundo nuevo. Esto no es nada nuevo para ti. Cada vez que tu padre ha sido destinado en una nueva base de la Air Force (Fuerza Aérea), tú has tenido que decir adiós a tus amigos y empezar una nueva vida. Es la misma rutina cada tres años o así. Nuevo colegio, nueva cultura, nuevas caras.
Northern California. Después Alemania. Luego Oklahoma. Inglaterra. Southern California. Y ahora, Dalzell, South Carolina.
Te has acostumbrado a ser el niño que nadie conoce. La mayor parte de tu existencia has estado intentado encontrar nuevos amigos, intentando demostrar a la gente que eres una buena persona y que no les harás ningún daño. Te has acostumbrado a ser un extraño. Has sido muy bueno en ello.”
Así empieza Ray Allen su carta de despedida. No ahondaremos mucho en la explicación, simplemente léanla (aquí tienen el enlace). No es quizás una tragedia como las de los otros deportistas que presentamos aquí, pero es un escrito estremecedor y no cabe duda de que su juventud marcó su carácter como jugador de baloncesto.
 
En cuanto a su carrera deportiva, uno de los mayores triplistas de la historia (si no el mejor) y un profesional como pocos, aparte de ser un trabajador nato. Como él mismo dice, “Dios te dará muchas cosas en la vida, pero no te va a dar tu tiro en suspensión. Solo el trabajo duro lo hará”.
Ray Allen fintando y lanzando un triple con la camiseta de Miami mientras CJ Watson aterriza tras un tapón frustrado
Fuente: Giphy
Paul Pierce, el hombre de los once tatuajes:
En septiembre del 2000, Pierce se encontraba en un local nocturno con unos amigos. Mientras charlaba animadamente con dos chicas, se encontró a William Ragland. Este último le golpeó con una botella en la cabeza para luego clavarle 11 puñaladas en el pecho, el cuello y la cara. No le alcanzaron el corazón de milagro. Su gruesa chaqueta de cuero le salvó la vida.
“Ahora tengo estos [tatuajes] y estarán conmigo para toda la vida” dijo acerca de sus cicatrices. Fue el único jugador de los Celtics en disputar los 82 partidos esa temporada. Ragland en cambio fue condenado a 7 años de prisión.
Ray Allen (izq), Kevin Garnett (centro) y Paul Pierce, el Big Three que ganó el anillo en 2008
Fuente: NBA Clutch Time
Pierce alcanzó la gloria en 2008 con los Celtics del Big Three. Cosa curiosa, él es californiano y de niño siempre fue fan de los Lakers. De hecho, que le seleccionara Boston fue un duro golpe para él en sus inicios.  Pero esa fatídica noche demostró que tenía sangre de un verdadero guerrero Verde.
 
Russell Westbrook y su Why not?
En sus zapatillas, en su pulsera o en el protector de su brazo, la inscripción “KB3” está grabada a fuego. ¿Pero a qué hace referencia?
Westbrook y su pulsera con la inscripción «KB3»
Fuente: NBA Avenue
Pues a Khelcey Barrs, el mejor amigo de Westbrook. El primero tenía un físico envidiable y recibió ofertas de muchas universidades. El segundo en cambio era pequeño y todavía no había pegado el estirón. Y un día jugando al baloncesto, el corazón de Khelcey dejó de latir.
Westbrook estudió en UCLA, y lejos de llorar por la pérdida de su amigo, empezó a jugar con más intensidad, con más ganas, con más ímpetu. Peleaba todo. Cada rebote, cada balón. Porque Russell tenía dentro de su corazón la intensidad de Barrs. West jugaba por dos. “Why not?” se preguntaba antes de afrontar cualquier reto.
 
“No era el mejor en nada” dijo Sam Presti, general manager de los Sonics. “Pero si le preguntaba a cualquiera de los jugadores quién había sido el rival más incómodo, siempre me decían su nombre”. Por eso fue elegido en 4ª posición cuando pocos hubieran dado un duro por él.  

 

¿Qué decir del único jugador que ha promediado un triple doble durante dos temporadas seguidas? Un auténtico monstruo, lleno de rabia y de ambición, al que lo único que le falta es coronarse con un anillo para compartirlo en el cielo con su mejor amigo Barrs.
El día que Russel Westbrook consiguió 42 triples dobles en una temporada, superando el récord de Oscar Robertson
Fuente: Mundo Deportivo
Maurice Stokes y El Compañero Ideal:
Ahora toca hablar de un jugador que por desgracia solo pudo disputar tres temporadas. Tras subirnos a la máquina del tiempo llegamos a Pensilvania, en 1933. Allí nació, creció, estudió y se graduó este jugador que en sus cuatro años de universidad promedió 23,3 puntos y 22,2 rebotes.
 
Elegido en 1955 por los Royals, fue elegido rookie del año (16,8 puntos y 16,3 rebotes). Y el 12 de marzo de 1958, en un partido contra los Lakers, Stokes dejó al mundo sin respiración: tras saltar hacia canasta, recibió una falta, cayó mal y se golpeó la cabeza con el parquet, perdiendo el conocimiento. Cuando lo recobró al cabo de unos minutos, él dijo a los médicos que se encontraba bien, y siguió jugando. Todo parecía terminarse en un susto. Parecía.
 
“Probablemente fue el primer chico de dos metros que podría haber jugado de base” dijo de él Frank Ramsey, ex-jugador de los Celtics. Pero Stokes no tuvo más tiempo para demostrarlo.
 
Porque tres días después, volando hacia Cincinnati se sintió muy mal, empapado en sudor y temiendo por su vida. Fue llevado al hospital. Entró en coma. Le diagnosticaron una encefalopatía cerebral post-traumática con daños irreversibles en su cerebro que le impedían hablar o moverse. Y el baloncesto para él se terminó.
 
Pero el baloncesto no se olvidó de él. Jack Twyman, compañero de equipo, organizó un torneo anual para recaudar fondos y poder pagarle a Stokes su tratamiento. El primer año recaudó 100 000 $. Se convirtió en su amigo, en su hermano. Pasaba más tiempo en el hospital con él que jugando al baloncesto. En el verano de 1959 se presentó Wilt Chamberlain, quien debutaría en la NBA al final de ese año. A partir de entonces disputaron ese partido jugadores de la talla de Robertson, Cousy o del propio Chamberlain. Y todo aquel jugador que pasase por Cincinnati debía ir a visitar a Stokes al hospital. Era una parada de culto.
 
“¿Cómo voy a darte las gracias por todo lo que has hecho?” fue la primera frase que le escribió Maurice a Jack desde el trágico suceso. En 1965 (7 años después) pudo presenciar por primera vez su partido benéfico. Había moldeado con sus manos ciertos objetos para regalárselos a los participantes. Algunos todavía conservan ese recuerdo.
Wilt Chamberlain (izq), Maurice Stokes (centro) y Jack Twyman en el partido benéfico de 1965
Fuente: Vavel
El 6 de abril de 1980 su corazón sufrió un ataque y Stokes se fue de este mundo. Pero su torneo siguió.
El 31 de mayo de 2012 la leucemia le arrebató la vida a Twyman. Cuenta su hijo que justo antes de morir le dijo que no se preocupase, que Maurice le estaba esperando.

Y en 2013 la NBA no decepcionó, creando el Twyman-Stokes Teammate of the Year, que se entrega al compañero ideal.

Twyman-Stokes Teanmate of the Year
Fuente: Sfuathletics
Caleb Swanigan, un diamante en bruto:
A caballo entre Indiana y Utah, este chico creció en refugios para gente sin hogar con su padre (adicto al crack), su madre y sus cinco hermanos. Con 13 años llegó a pesar 180 kilos. Pero la pobreza y la obesidad fueron curadas con el baloncesto, siendo elegido por Portland en el draft de 2017. 

En su mano está convertirse en una leyenda

Caleb Swanigan con la camiseta de Purdue
Fuente: Draft Express
Michael Jordan, y su “I’m back”:
Tras ganar tres anillos consecutivos y coronarse con el Dream Team en los JJOO de Barcelona 92, Jordan pensó en la retirada.
El asesinato de su padre el 23 de julio 1993 precipitó la decisión de MJ de dejar el baloncesto. En honor a su difunto padre decidió probar suerte en el béisbol.
El Vuelo de Air
Fuente: Sportfullsport
Con su célebre “I’m back” (he vuelto), su Majestad volvió para los playoff de 1995. Tras ser eliminados por Orlando, ese verano trabajó muy duro y volvió más fuerte que nunca. En las siguientes tres temporadas volvería a encadenar tres anillos de campeón.
 
LeBron James, el niño que hablaba con el deporte:
Como no podía ser de otra forma, uno de los mejores jugadores debía tener una triste historia. Es la siguiente.
El Elegido nació en Akron, cuando su madre, Gloria James, apenas tenía 16 años (su padre ya se había desentendido de él). Conocieron todas las zonas marginales de la ciudad, a la par que su madre trabaja de lo que podía. 
 
No hizo demasiados amigos, lo que le permitió refugiarse en el baloncesto y en el fútbol americano. Pero descuidó los estudios. Su entrenador, Frankie Walker, le propuso a su madre que su hijo debería mudarse con él porque los ambientes inestables eran perjudiciales para avanzar en los estudios.
Es por esto que creció a medias con su madre y a medias con la familia Walker, que siempre ayudó a Gloria a pagar el alquiler.
Sobre su carrera no nos extenderemos: todos tenemos claro (incluso él) que es El Elegido.
«Chosen·1» (El Elegido) en la espalda de LeBron James
Fuente: Getbig
Spencer Haywood, el hombre que planeó matar a su entrenador:
Nacido en 1949, de niño creció con su madre y sus hermanos (su padre había muerto) recogiendo algodón. Hasta que el baloncesto entró en su vida.
Jugó para la Universidad de Trinidad, promediando 28 puntos y 22 rebotes por partido durante su primer año. Esa temporada fue el líder de la selección estadounidense para ganar el oro en los JJOO de México.
Spencer Haywood: «La verdadera estrella es el hombre o la mujer que cría 6 niños con 150$ a la semana».
Fuente: AZ Quotes
Luego se fue a la Universidad de Detroit, mejorando sus guarismos: 32 puntos y 22 rebotes. Pero para entrar en la NBA directamente debía terminar sus estudios.
Al año siguiente se fue a la ABA, a los Denver Rockets: 30 puntos y 20 rebotes. Quiso entonces entrar en la NBA, pero no le dejaron.
 
Alegando razones económicas (era la principal fuente de ingresos de su família), Spencer llevó el asunto al Tribunal Supremo de los Estados Unidos. Los Sonics aprovecharon la oportunidad y le firmaron un contrato en 1970. Pero aunque entrenaba y calentaba, casi no jugó. Porque lo odiaban los rivales. Porque lo odiaban los aficionados. Nadie quería ver al líder que llevó a su país a ganar el oro.
 
Y en marzo de 1971, la justicia se pronunció a favor de Spencer: si un jugador no había completado los cuatro años de universidad podían ser admitidos en la NBA si se cumplían ciertos requisitos.
 
En 1975 fue traspasado a New York. Y por primera en diez años los Knicks no se clasificaron para los playoff. Haywood, el chico nuevo que acababa de llegar, fue el señalado por todos. Nadie le quería: ni la afición, ni los rivales, ni la prensa ni siquiera sus compañeros. Y la muerte de su hermano mayor acrecentó su dolor.
 
La cocaína fue su única amiga. Aparcó el baloncesto para ir de fiesta en fiesta. Se enfrentó a compañeros, a entrenadores, al mundo entero. 
Tiempo después tuvo la ocasión de ir a los Lakers de Magic y de Kareem. Aspiraba al anillo. Pero la adicción volvió, sus aportaciones bajaron y sus broncas con compañeros y entrenadores se hicieron rutinarias.
 
Como confiesa en su autobiografía, planeó asesinar a su entrenador. Para eso llamó a un gánster amigo suyo. Pero tras tenerlo todo ideado, una llamada de su madre le avivó los remordimientos y abortaron el plan.
Se marchó a Italia. Quería huir, quería olvidarse de todo. Luego volvió a la NBA aceptando su error, y en 2015 entró en el Hall of Fame.
Spencer Haywood ingresando en el Hall of Fame
Fuente: KUT
Robert Swift, el matón a sueldo:
Tras jugar cinco años en la NBA, se fue a Japón. Allí se gastó todo el dinero que había ganado.
Tras ser detenido por posesión ilegal de armas y por asaltar una casa, se descubrió más tarde que trabajaba como matón a sueldo de un narco.
Sin embargo consiguió rehabilitarse cuando conoció a Mike Huete. Hoy en día, ambos militan en el Círculo Gijón. Parece ser que el baloncesto le ha podido al fin curar.
Robert Swift (izq) presentado con el Círculo Gijón
Fuente: El Comercio
Len Bias, el “Michael Jordan 2.0”:
Mike Krzyzewski, entrenador de Duke y de la selección USA, dijo: “En mis más de 20 años como entrenador en Duke, sólo he visto a dos jugadores que de verdad me hayan impresionado: Michael Jordan y Len Bias”.
Len Bias fue el primer jugador en ser comparado con Michael Jordan. Elegido por Boston en 1986, firmó un contrato millonario con Reebook, enemigo acérrimo de Nike  y de Jordan. Luego se fue por la noche a celebrarlo con sus amigos. Tras esnifar cocaína (cuya pureza parece ser que era superior al 98%) murió de una arritmia cardíaca.
Len Bias en el draft de 1986 tras ser elegido por Boston Celtics
Fuente: Marca
Red Auerbach, presidente de los Celtics, dijo que nunca la ciudad de Boston estuvo tan afectada por un fallecimiento desde la muerte de John F. Kennedy.

En 1888 el Congreso de los Estados Unidos aprobó una Ley Antidrogas mucho más estricta, conocida como “Ley de Len Bias”.

Muchos otros jugadores han sufrido problemas de todo tipo: la muerte temprana de un familiar, problemas con las drogas, enfermedades e incluso la propia muerte por el baloncesto. Queremos mencionar Kenyon Dooling, a Caron Butler, a Lamar Odom, a Dwayne Wade, a Isaiah Thomas, a Nene Hilario o al joven prometedor Benjamin Wilson. Podríamos acordarnos de muchos otros más.
 
En Nogomet hemos empezado con Allen Iverson, un jugador que provoca debilidad a muchos amantes del baloncesto. Personalmente, hemos empezado con mi jugador favorito, pero vamos a terminar con una de mis historias preferidas. Es el turno de Pistole Pete
Pete Maravich, el Beatle de la mirada perdida
Su padre, de origen serbio, fue un jugador de baloncesto frustrado, así que decidió que su hijo debería ser lo que él mismo no pudo ser. Desde muy temprana edad, Pistole Pete estuvo machacándose horas y horas contra su voluntad, perfeccionando una de las técnicas más exquisitas que el baloncesto ha visto jamás. E incluso en la universidad fue su padre el entrenador del equipo, quien le obligaba a esforzarse aunque Pete prefiriese refugiarse en la bebida.
Press Maravich (izq) y su hijo Pete (drcha)
Fuente: Vice Sports
Su padre cambió el sistema de juego del equipo de tal manera en la que todo en ataque girase en torno a su hijo, quien se lucía de todas las maneras posibles. Durante la universidad anotó más de 44 puntos por partido.
 
Fue seleccionado en 1970 por Atlanta en el puesto 3. Pero no les vamos a explicar cómo jugaba, es mejor que lean a los grandes y después lo descubran con sus propios ojos.
«Oscar Robertson es el mejor jugador exterior contra el que he jugado. Jerry West es el mejor con el que he jugado. Y Pete Maravich es el mejor que he visto en mi vida», Elgin Baylor.
 
«Cuando hablamos de ‘showtime’, hablamos de creatividad, de traer un concepto totalmente nuevo al baloncesto. Pete fue el original. Abrió la mente de muchísimos jugadores», Pat Riley.
 
«Hay jugadores que desafían las leyes de la gravedad. ‘Pistol Pete’ desafía las leyes de la física«, Red Auerbach.
 
«Todo lo que hice yo, ya lo había hecho él antes», Magic Johnson.

Pero a pesar de maravillar al mundo entero, Pete nunca encajó en ningún equipo, lo que se traducía en derrotas y derrotas. El alcohol seguía siendo su forma de evadirse, aunque no la única: probó el vegetarianismo, el hinduismo, e incluso pidió a los extraterrestres que se lo llevaran. Pensó muchas veces en el suicidio.

«No quiero jugar diez años en la NBA y morir de un ataque al corazón a los cuarenta» contó Maravich con 25 años. 
 
Como una profecía, Pete falleció en una cancha jugando con amigos, nueve meses después de que muriese su padre. Pistole padecía un grave problema cardíaco congénito. No debió haber jugado al baloncesto según los médicos. Ya ni pensar en la alta competición.

Pero El Pistolero murió de un ataque al corazón con 40 años.

The Life of Pete Maravich, Mark KRIEGEL
Fuente: Amazon
¿Esto es todo? ¡¡¡Claro que no!!! 
Desde aquí les invitamos a buscar más a fondo la historia de estos jugadores o de otros al que la vida les guió por un lúgubre sendero. Y además hay algo que no les hemos contado: no saben cuál es nuestra historia preferida. Las vidas de Maravich y de Iverson están respectivamente en el segundo y tercer cajón de nuestro podio. 
¿Pero cuál es entonces la número 1? ¡Ese será nuestro próximo artículo!
¡¡¡NO SE LO PIERDAN!!!

Creado por Mario Pedrol
 

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