¡Allez les bleus!

Francia se proclama Campeón del Mundo en Rusia 2018, tras vencer por cuatro a dos en la final a Croacia. De menos a más durante el campeonato, se sintieron cómodos en todo momento. Favoritos desde el principio, superiores en todos los aspectos del juego.

Desenmascarando mitos. En un momento en el que las tendencias futbolísticas se fundamentan en Pep Guardiola, tiki-taka, posesión del balón… Francia gana el Mundial con un ¡39%! de posesión de balón en la final contra Croacia. Cierto es que duplicaron en remates a portería al rival, dejando en evidencia que en el fútbol existen numerosos estilos y cada uno debe elegir el más apropiado teniendo en cuenta las características de sus jugadores.

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En este caso, Francia ha sido superior en el global de todo el campeonato. Un juego basado en el músculo y la fuerza en el centro del campo, pero sobre todo en el trabajo colectivo durante los noventa minutos. ¿Cuándo se ha visto a Mbappé casi como segundo lateral derecho? ¿O a Griezmann a 60 metros de portería contraria? Y es que Didier Deschamps ha conseguido formar un bloque sólido, basado en el trabajo defensivo, repitiendo el mismo once prácticamente en todos los partidos del Mundial. El trabajo de Kanté, Pogba y Matuidi en el centro del campo ha sido crucial para neutralizar la calidad de selecciones como Croacia y Bélgica, que no fueron capaces de superar la fuerte defensa francesa.

Con las ideas muy claras y un estilo muy definido, Francia consiguió ese equilibrio que todos buscan en el fútbol, gracias al cual se mostraron imperiales y superiores en la mayoría de los partidos del campeonato. Hugo Lloris en portería se ha mostrado muy seguro en todo momento, recordando paradas como la de Uruguay que pudo suponer el empate. Pese a la última cantada en la final, se ha mostrado muy solvente durante todo el Mundial, fundamental para cualquier selección, sobre todo en un campeonato marcado por el gran nivel en la portería de la mayoría de los equipos.

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El balón parado, pieza clave. La pizarra de Deschamps ha sido una herramienta fundamental para desatascar los encuentros por parte de la selección francesa. Los Cuartos de final se abrieron con un gol de Varane a balón parado. Y las semifinales se definieron por otra jugada de estrategia, aunque en este caso fue Umtiti el autor del tanto. Ejemplo lo encontramos en ese partido, ya que Bélgica tuvo la posesión de balón mucho más, pero sin profundizar y sin llegar a superar con éxito la defensa “bleu”. Además, Lloris estuvo imperial en las ocasiones que tuvo que actuar.

Músculo, talento y pegada

Resulta significativo la presencia de Pavard y Lucas en el lateral derecho e izquierdo, respectivamente. Dos centrales habituales en sus equipos, reconvertidos al lateral, demostrando la solidez defensiva que buscaba Deschamps en su equipo. En una época en la que los laterales profundos y de vocación ofensiva están de moda, Francia ha vencido con dos centrales en los laterales, buscando la solidez defensiva, demostrado en los pocos goles encajados durante el Mundial.

En el centro del campo, músculo gracias a Kanté, Pogba y Matuidi (o Tolisso en algún momento), talento gracias a Mbappé y Griezmann, y pegada a través de la llegada de segunda línea. Giroud, su nueve referencia, se marcha de Rusia sin haber anotado un solo gol, algo nunca visto. Mbappé y Griezmann, son la aportación anotadora de ese contragolpe demoledor que aniquilaba a los rivales. Sin olvidar la pegada de Paul Pogba, que ha ido de menos a más en el campeonato, terminando una final a un ritmo altísimo. Ejemplo de un equipo físico, que ha ganado el campeonato a base de desgaste, de trabajo colectivo, y de una pegada gracias al talento con el que contaban en la faceta ofensiva.

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Y en el banquillo, Dembelé, Tolisso, Fekir, Nzonzi… para dar frescura y poder mantener el músculo y control del centro del campo. Deschamps lo tenía claro, y pudimos ver los mismos cambios prácticamente en todos los partidos. En la final, por ejemplo, la entrada de Nzonzi fue fundamental para el devenir del partido y la resolución a favor de los franceses.

En definitiva, Francia ha demostrado a todo el mundo cómo exprimir las cualidades de todos sus jugadores, buscando lo mejor para el colectivo. Podrá o no gustar al aficionado, pero lo que nadie puede dudar es de lo práctico del juego y de la eficiencia obtenida, sobre todo con un estilo bien definido y unas ideas claras y reconocidas por todos sus miembros, que supieron sacrificarse por el bien del colectivo, por encima de todas las individualidades. Dando una lección a todos los “filósofos” existentes en la actualidad futbolística. ¡Allez les bleus!

Creado por Sergio Varo (@srgvaro)

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