"La Vecchia Signora" se abona a las rebajas

El poder del dinero siempre llama a la puerta en una sociedad absolutamente consumista. En el fútbol la economía abastece a los clubes para afrontar fichajes y para aliviar, en cierta manera, presupuestos difíciles de asumir. La Juventus, como ejemplo a seguir, aplica un modelo de mesura y rentabilidad en aspectos deportivos y económicos.

La mercadotecnia y, sobre todo, la exigencia de la masa social obligan a un club de fútbol a invertir y a ofrecer un nuevo producto tanto en el mercado estival como en el invernal. La novedad es un concepto que desde tiempos inmemoriales ha focalizado la atención del aficionado. Supone una atracción a los ojos de los amantes de un deporte que desde hace un lustro está trazando  curvas muy peligrosas a una excesiva velocidad. Las consecuencias de una gran apuesta por un futbolista puede ser rentable o, en la mayoría de los casos, catastrófica. Los derechos de televisión son, para la mayoría, la panacea para evitar que los presupuestos sufran graves averías. Sin esta generosa aportación de los medios audiovisuales, la salud de los clubes modestos y de clase media estarían en un estado crítico, prácticamente en la unidad de cuidados intensivos.

Las entidades más poderosas han entrado en la vorágine de un mercado irreal, donde los traspasos están inyectados con capital catarí, chino o yanqui. Solamente unos pocos pueden jugar con estas reglas del juego. La libra se cotiza al alza, no tanto el euro. En la Premier League son conscientes que están viviendo los últimos coletazos antes del brexit, esa tormenta política que ha tambaleado los cimientos de la Unión Europea. En Inglaterra se augura una época de crisis, con restricciones laborales y económicas que afectarán notablemente al ámbito deportivo. En cambio, en Italia, después de una década sin el protagonismo que adquirió a finales del siglo XX reclutando a las rutilantes estrellas de los continentes europeo y sudamericano, han experimentado una creciente evolución en esta materia. El equipo más querido y odiado del país, la Juventus, es en la actualidad la referencia de una liga que quiere recuperar su estatus en Europa. El músculo financiero de la institución bianconerase fabrica y se desarrolla en la aclamada empresa automovilística de la adinerada familia Agnelli. El imperio Fiat destina parte de su patrimonio al club turinés. Era el deseo de Giovanni, el patriarca, ideólogo asimismo de un emporio empresarial floreciente que, en la actualidad, está en manos de sus herederos.

   
    Fuente: Gazzeta

En 2007, el escándalo que rodeó al fútbol italiano con el caso Moggigate fue de una dimensión incalculable. La Vecchia Signoradescendió a los infiernos por el montaje de un “imperio criminal” que pergeñó su director general Luciano Moggi. Fabio Cannavaro, Lilian Thuram, Gianluca Zambrotta, y Zlatan Ibrahimovic, entre otros, decidieron transitar otro camino. Los años sucesivos para la entidad piamontesa fueron muy complicados. Comenzaba una política de austeridad que a largo plazo le reportaría réditos. La incorporación del mago Andrea Pirlo en 2011 supuso un golpe de efecto para las aspiraciones de un club que deseaba reconstruir una historia jalonada de éxitos. En Milán sus dirigentes aún siguen dándose cabezazos contra la pared por reforzar a su rival con un jugador top y pensar que tenía los días contados. Fue la piedra más valiosa de un proyecto que, durante la presente década, ha alcanzado la gloria con seis Scudettos consecutivos, tres Copas y otras tantas Supercopas en sus vitrinas. El primero de los fichajes a coste cero que ha sido partícipe de un período hegemónico en Turín.


    Fuente: Goal.com

Un año después, la Juve birló al Manchester United la “joya” de su prolífica cantera. El francés Paul Pogba, un diamante aún por pulir, desafío a Sir Alex Ferguson por no ofrecerle todo el protagonismo que él anhelaba en una plantilla plagada de estrellas. En la ciudad transalpina ofreció todo su potencial. Sus goles y asistencias se revalorizaban y los “capos” diseñaron su jugada maestra. Tras extraerle todo el jugo durante cuatro temporadas, y sin haber desembolsado ni una libra, se lo devolvieron por un precio desorbitado: 105 euros. Junto al internacional galo llegaba Fernando Llorente, el delantero riojano que glorificó al Athletic. Otra de las piezas más codiciadas del mercado. Sus desavenencias con el presidente Jon Urrutia precipitaron su marcha sin que la entidad vasca se beneficiara económicamente. Un despropósito que irritó a la hinchada rojiblanca y que, desde la distancia, visualizaba perpleja cómo en su estreno en la Serie A conservaba su instinto depredador. Su compenetración con Carlos Tévez fue letal para sus contrincantes. Perforó la red en dieciséis ocasiones. Sin embargo, el rigor táctico del Calcio le obligó a poner rumbo al Reino Unido con no demasiada suerte. En Swansea no mostró su mejor versión y en Londres asume que el extraordinario rendimiento de Harry Kane impide que vuelva a recuperar el nivel de su añorado periplo en Bilbao.


    Fuente: Daily Express

Mediante la misma fórmula también incorporó a uno de los jóvenes con mayor proyección. Kinsgley Coman recibió la llamada de Giuseppe Marotta, el ejecutor de un plan que iba tomando forma sin grandes dispendios. El prometedor atacante francés, de ascendencia guadalupeña, finalizó su vinculación con el Paris Saint-Germain y el audaz dirigente italiano esbozó una estrategia lucrativa para su empresa. Tras un año sin suficientes oportunidades para demostrar su valía, el Bayern de Múnich le dio acomodo en su plantilla, con el beneplácito de Pep Guardiola. Estuvo opositando durante doce meses en la capital bávara hasta que el club alemán lo incorporó definitivamente, pagando la nada desdeñable cifra de 20 millones de euros. En la misma temporada aterrizaron con la carta de libertad otros dos futbolistas con pedigrí: Sami Khedira y Neto. El teutón llegó precedido de su solvente rendimiento en el Real Madrid. Una grave lesión frenó su progresión y las exigencias en la casa blanca acabaron por devorarle. Ahora es una pieza fundamental en los esquemas de Massimiliano Allegri. Por otro lado, el guardameta brasileño, avalado por su etapa en la Fiorentina, estaba destinado a ser el sucesor de Gianluigi Buffon. Aun así, no aceptó la suplencia y se le presentó la oportunidad de exponer sus virtudes en Valencia. Una operación que permitió al conjunto que preside Andrea Agnelli ingresar 6 millones de euros.

Dani Alves fue otro refuerzo de postín. El defensa, en la recta final de su trayectoria, dotó a la Juve, también a coste cero, de su ambición por afrontar retos mayores. Durante mucho tiempo demostró ser el mejor lateral diestro del mundo. Lamentablemente derrapó en el último suspiro en aquella final de Champions contra el Real Madrid de infausto recuerdo para los tifosi blanquinegros. Hoy apura sus últimas carreras por la banda en París.

Esta filosofía, adoptada por los más modestos, ha sido diseccionada minuciosamente en un club históricamente rico. Con un gen competitivo en los despachos fuera de toda duda. El próximo en vestir la camiseta juventina bajo esta estrategia es Emre Can. El centrocampista nacido en Fráncfort, de origen turco, ya está negociando con Marotta tras su negativa a renovar su contrato con el Liverpool. Y parece que no será el último. Pero también, el dictado del mercado actual obliga a sacar la billetera en otros casos: Gonzalo Higuaín, Federico Bernardeschi, Paulo Dybala, Mario Mandzukic… Sería injusto no reconocer que el trabajo a la sombra de los mandamases que rigen el destino de este transatlántico es de cum laude. ¡Bravo!

Maikel Tapia (@tapia_maikel)

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