Michael Olowokandi, el número uno que "se dejaba llevar"

Hoy, 3 de abril, vamos a felicitar por sus 43 años a uno de los mayores pufos de la historia del draft. No es otro que el nigeriano Michael Olowokandi. Elegido por los Clippers en 1998 como número 1, nunca cumplió con las expectativas puestas en él. Torpe en ataque, pasota como pocos, capaz de enervar hasta el entrenador más tranquilo, solo era capaz de intimidar algo en defensa debido a sus 2,13 metros de estatura. En resumen, que la franquicia angelina dejó escapar a jugadores como Mike Bibby, Dirk Nowitzki, Paul Pierce o Vince Carter.

 

De Nigeria a Estados Unidos con parada en Inglaterra
Nació en Lagos, Nigeria, y su padre era diplomático, por lo que acabó mudándose y creciendo en Londres. Allí fue al Newlands Manor School, en la ciudad costera de Seaford, a unos ochenta kilómetros de la capital.
Más tarde se matriculó en el Brunel University en West London, donde demostró cualidades para la práctica del atletismo, del cricket y del rugby. A los 18 años empezó a jugar a baloncesto.
Como quería seguir aprendiendo en este último deporte, decidió seguir sus estudios en Estados Unidos. Estudió en University of Pacific (Stockton, California), una universidad bastante mediocre a la hora de formar baloncestistas. De hecho él es de los más destacados.   
Hacia el sueño (o el desastre) americano
En su año junior(tercer año de universidad, el orden es este: freshman, sophomore, junior y senior), Olowokandi fue el líder de su equipo y lo llevó a ganar la Big West Conference, aunque fueron eliminados en primera ronda de la NCAA. En su año senior (1997/98) repitieron título y fue elegido mejor jugador del año de dicho torneo, aunque tampoco pudieron superar la primera ronda de la NCAA. 
Estos fueron sus promedios de cuarto año: 22 puntos, 11 rebotes y 3 tapones por partido.
Se graduó en Económicas y su universidad retiró su dorsal, el número 55. Se presentó al draften 1998 y, ante la sorpresa de la mayoría, fue elegido en primera posición por Los Ángeles Clippers.
Michael Olowokandi (34) defendido por Dirk Nowitzki (41), ambos del mismo draft
Fuente: Sports Illustrated
1998/99: una temporada atípica
Ante la falta de acuerdo entre la NBA y la Asociación de Jugadores por el nuevo convenio colectivo, la liga decretó el cierre patronal, es decir, un lockout. Hasta el 18 de enero de 1999 no se llegó a un acuerdo. Al final, la temporada regular comenzaría el 2 de febrero, habría 50 partidos y no habría All-Star Weekend.
A finales de 1998 el equipo italiano Kinder de Bolonia le ofreció 1 millón de dólares por jugar hasta el 15 de febrero del año siguiente. Si el lockout hubiese finalizado antes, lo dejarían marchar. Si todavía permaneciese, le abonarían 2 millones de dólares más. Sus guarismos fueron muy decepcionantes: 4,7 puntos, 5,7 rebotes y 2 tapones por partido, jugando solo 3 encuentros.
De regreso a Estados Unidos, firmó un contrato de 5 temporadas (4 garantizadas más 1 de opción del equipo) por un montante rondando los 20,5 millones de dólares, según Basketball Reference. Llegaba a un equipo muy débil sin casi posibilidad de disputar los play-off (de hecho no se clasificaron). El líder era Maurice Taylor.
Sus números fueron: 8,9 puntos, 7,9 rebotes y 1,2 tapones para 28,4 minutos por partido, siendo elegido en el 2º mejor quinteto rookie.
Su año sophomore¿progreso a la vista?
Con las llegadas de Lamar Odom y de Derek Anderson, Olowokandi tuvo que espabilar. En su segundo año, mejoró ostensiblemente sus porcentajes en tiros libres, pasando de un nefasto 48,3% a un 65,1%. También subieron sus minutos (31,2 por partido), sus puntos (9,8), sus rebotes (8,9) y sus tapones (1,8). Como dato curioso, pasó de cometer 3 faltas por partido en su año rookie a 3,8 (casi una falta más) en su año sophomore. Es decir, parecía que empezaba a jugar un poco más duro (algo imprescindible para un pívot).
Este cambio le valió para jugar el partido de Rookies del All-Star Weekend. Sin embargo no se clasificaron para post-temporada.
¡No estornudes que me caigo!
El pasotismo, el desánimo, la desidia y la fragilidad volvieron en su tercer año. En este curso Olowokandi no fue más que una masa que ocupaba un espacio. Un fantasma errante. Y es que a pesar de jugar los 82 partidos como titular, todos sus números cayeron estrepitosamente.
Este fue el resultado: 25,9 minutos, 8,9 puntos, 6,4 rebotes, 1,3 tapones y una eficacia del 54,5% en tiros libres. Ah, y otra vez bajó a las tres faltas por partido. ¡Blandiblú en estado puro!
A pesar de las incorporaciones de Corey Maggette y de Quentin Richardson, el equipo no se clasificó.
Un rey del crudo en el concilio del “Cristal de Bohemia”
En su cuarta temporada en los Clippers (que podía ser la última) Olowokandi hizo oposiciones para convertirse en uno de los reyes del crudo, que para Andrés Montes son aquellos jugadores que cambian de equipo en función de lo que les paguen. Suelen hacer una gran temporada en su último año de contrato para aumentar su valor en el mercado.
Y vaya si lo logró. 32,1 minutos por partido, 11,1 puntos, 8,9 rebotes y 1,8 tapones. Y todo esto a pesar de la llegada de Elton Brand que podía ocupar su posición y que asumió su rol de líder del equipo nada más llegar. Los Clippers decidieron ejecutar su opción de equipo y le ampliaron a Olowokandi un año más el contrato.
Michael Olowokandi (34) y Earl Boykins (11) durante un partido de la temporada 2001/02, la única en la que compartieron vestuario.
Fuente: Pinterest
En el curso 2002/03, el quinto y último en la franquicia angelina, Olowokandi no defraudó según sus estadísticas: 12,3 puntos, 9,1 rebotes y 2,2 tapones en 38 minutos. Sin embargo, ingresó en otro de los clubes de Andrés Montes: el del “Cristal de Bohemia”. Durante toda la temporada arrastró una tendinitis en su rodilla izquierda que solo le permitió disputar 36 partidos. Los Clippers se cansaron de él y no le ofrecieron ninguna oferta de renovación, por lo que se convirtió en agente libre sin restricciones.
Cambio en Minnesota: se va Horchatas Nesterovic y entra Kandi Man
La franquicia de los lobos mordió el anzuelo y, tras la marcha de Nesterovic rumbo a San Antonio, decidió firmar a Olowokandi, también apodado Kandi Man, para cubrir la baja en el puesto de pívot.
Allí jugó 107 partidos durante 2 temporadas enteras, y solo 59 de titular, ya que las lesiones seguían sin dar tregua. Volvió a coincidir con Troy Hudson, además de compartir vestuario con jugadores de la talla de Sam Cassell, Wally Szczerbiak, Kevin Garnett, Rick Davis o Marcus Banks.
El curso 2003/04 aportó 6,5 puntos, 5,7 rebotes y 1,6 tapones en 21,5 minutos y el curso siguiente se quedó 5,9 puntos, 5,2 rebotes y 0,9 tapones en 19,6 minutos.
Olowokandi solo alcanzó los play-off en 2004, venciendo a Denver (4-1) y a Sacramento (4-3) pero cayendo en las finales de conferencia contra los Lakers (2-4).
La temporada 2005/06: mudanza invernal
Tras empezar en Minnesota, el 26 de enero fue parte de un mega trade con destino Boston.
Con los Timberwolves logró 6 puntos y 5,6 rebotes en 23,5 minutos. Lo más interesante fue que, una semana después de los incidentes conocidos como “Malice at the Palace”, Olowokandi fue detenido en Indianápolis por alboroto y comportamiento violento en un local nocturno. Con la memoria todavía puesta en los acontecimientos de Detroit, Minnesota reaccionó rápidamente y le sancionó con un partido sin jugar.
Tras recalar en Boston, sus minutos en pista disminuyeron hasta lo residual: 10,4 minutos para 2,8 puntos y 2,6 rebotes.
Compartió vestuario con jugadores como Paul Pierce, Delonte West o con un jovencísimo Gerald Green.
Michael Olowokandi (41) y Jermaine O’Neal (7)
Fuente: Basketball Wiki
2006/07: una despedida por todo lo bajo
En su último año su papel se redujo todavía más: 1,7 puntos y 2 rebotes en 9,8 minutos.
Su retiro fue el fin a una corta carrera en la que el jugador se caracterizó por un pasotismo general enorme y que no mostró nunca un verdadero interés por el baloncesto. Es cierto que no es para nada el único jugador que ha jugado con tal desidia, pero el hecho de que fuera elegido número 1 del draft fue el motivo más importante por el cual que Michael Olowokandi se convirtió en el hazmerreír del baloncesto.
¿Las comparaciones son odiosas?
Nuestra intención no es menospreciar a nadie, lo que pretendemos es hacer ver el error garrafal que cometieron los Clippers en su elección de 1998. Así que hemos querido presentar diferentes datos de dos jugadores que se presentaron a ese draft: Michael Olowokandi (1º) y Brad Miller (declarado elegible pero no seleccionado), ambos pívots. Insistimos, no queremos humillar a nadie, si lo hubiéramos querido hacer hubiésemos comparado a Kandi Man con Nowitzki (9º de ese mismo draft), por ejemplo. Lo que queremos mostrar son dos cosas: que es un desastre como número uno del draft, pero que no es un desastre como un jugador de rotación.
Puntos por cada 36 minutos en pista
Rebotes por cada 36 minutos en pista
Tapones por cada 36 minutos en pista

Estos gráficos muestran la evolución de las estadísticas de Olowokandi y Miller a lo largo de las temporadas. Los datos se miden por cada 36 minutos en los que el jugador está en pista, porque no es lo mismo anotar 10 puntos por partido jugando 15 minutos que anotar 12 puntos por partido jugando 30 minutos. Hay que tener en cuenta el tiempo en cancha para saber de verdad cuánto aporta un jugador.

Comparando, llegamos a la conclusión de que la producción ofensiva de Brad Miller es muy superior a la de Michael Olowokandi (no solo por la anotación, también por las asistencias cuyos datos no hemos mostrado). Sin embargo Kandi Man no era un mal defensor. Prueba de ello sería su número de tapones, siempre superior al de Brad (incluso alguna temporada lo doblaría). Y es que el principal problema de Olowokandi fue llevar la etiqueta de “número 1 del draft”. Porque lo eligieron básicamente por su capacidad física. Pero la parte psicológica debería tener mucho peso. Y con “parte psicológica” me refiero a tener una mentalidad ganadora y a una grandísima ética de trabajo.

En su carta de despedida, Ray Allen lo define muy bien: “En cada vestuario en el que estés, todo el mundo dirá las mismas cosas. Todo el mundo dice que intentarán sacrificar lo que haga falta para ganar un título. Pero este deporte no es una película. No se trata de ser el hombre del último cuarto. No se trata de hablar. Se trata de que hagas tu trabajo cada día, cuando nadie esté mirándote. Kevin Garnett, Paul Pierce, LeBron James, Dwyane Wade. Los hombres con los que ganarás un campeonato son personas diferentes. Lo que les hace campeones son los viejos hábitos aburridos que nadie puede ver. Ellos compiten por ver quién es el primero en llegar al gimnasio y el último en irse. Tus compañeros que piensan que eso es un cliché, o quien piense que eso no se aplica a ellos porque tienen talento divino, jugarán toda su carrera sin ganar un solo campeonato.”

Mario Pedrol

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